jueves, 14 de julio de 2011

Carta de Miguel Lerdo de Tejada a Santa Anna


Para inaugurar el blog, transcribiré algunos fragmentos que considero los más importantes de una carta enviada de Miguel Lerdo de Tejada a Santa Anna en Abril de 1853, en dónde expone su inconformidad hacía los males que sufría la sociedad de la época.

Carta de Miguel Lerdo de Tejada a Santa Anna
Abril 1853

1a El malestar profundó que reina en nuestra sociedad a consecuencia de los errores, y de los vicios de que está plagada su organización económica, que sofocando todo movimiento en lo que constituye la riqueza pública, así como todo espíritu de empresa, y manteniendo obstruidos todos los elementos que son indispensables para el libre desarrollo de la industria en todos sus ramos, hace que los hombres dedicados al trabajo, descontentos siempre con lo que existe, favorecen aunque indirectamente todo cambio.
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3a. La incapacidad, importancia o cobardía de los gobiernos, cuyo persona, sin otra política que la de conservarse tranquilamente en los puestos y creyendo asegurar éstos con sólo halagar a las personas que más cerca los rodean, y con hacer en favor de los más influyentes algunas vergonzosas transacciones, HAN DEJADO SIEMPRE A LA NACIÓN ENTREGADA A SU SUERTE, sin cuidarse satisfacer ninguna de las grandes exigencias, ni siquiera de moralizar la administración pública, por el temor de luchar con las resistencias que en uno y otro camino se les presentan.
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El ejército, por ejemplo, con el pretexto muy pusilánime de que la fuerza armada es hoy una necesidad en todos los pueblos, quieren un gobierno fuerte que les dedique toda su atención y con ella todas las rentas públicas para sujetar a la sociedad bajo el dominio del sable y seguir siendo los árbitros de sus destinos.
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El clero desean también un gobierno fuerte que sofoque toda idea de reforma en su clase, para continuar en la holgazana, disfrutando tranquilamente sus abusos y riquezas y compadeciéndose hipócritamente de las desgracias del pueblo, aunque sin hacer jamás el más pequeño sacrificio de su parte para mejorar su situación.
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Los empleados desean que se conserve el desbarato que existe en la administración pública, para continuar así, unos cumpliendo poco o nada con sus obligaciones y otros malversando las rentas que les están confiadas, sin temor a ser jamás castigados por sus faltas o por sus delitos.
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Los ricos de México, esos hombres que son sus grandes fortunas pusieran ser útiles a su país tomando una parte activa e ilustrada en la marcha de los negocios públicos, se limitan también, a desear un gobierno que conserve la sociedad en el estado en que hoy se halla, porque en sus mezquinas ideas no conciben ni apetecen otra dicha que la de seguir especulando, unos con la paralización de los giros y la miseria pública y otros con las angustias del tesoro nacional.
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LA VERDADERA OPINIÓN PÚBLICA, SEÑOR, QUE NO ES OTRA COSA QUE LA EXPRESIÓN DE LAS NECESIDADES DE LA GRAN MAYORÍA DEL PUEBLO, NO PUEDE CONOCERSE SINO ESTUDIANDO CUÁLES SON ESAS NECESIDADES DE LA GRAN MAYORÍA DEL PUEBLO, Y AUNQUE POR DESGRACIA EN MÉXICO LA MAYORÍA DE SUS HABITANTES NO COMPRENDE NI SABE EXPLICAR LOS MALES QUE OPONEN A SU FELICIDAD, TOCA A UN GOBIERNO ILUSTRADO Y JUSTO AVERIGUARLOS PARA APLICARLES SU CONVENIENTE REMEDIO.

Vea Ud., en las cárceles envejecerse a los malhechores, sin recibir el castigo de sus crímenes, mientras que otros se pasean públicamente e ciencia y paciencia de las autoridades encargadas de su aprehensión.

Vea Ud. las rentas de la nación, destinadas en parte para premiar malos servicios o para satisfacer la codicia de avaros e infames especuladores, mientras que su crédito, así en el interior como en el exterior, se halla en [el] más profundo abatimiento.

*Semblanza de Miguel Lerdo de Tejada 1812-1861, México, SHCP, 1981, pp. 16-20

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